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     Saber qué es un vino genérico o cuándo un vino es varietal nos puede ayudar a la hora de elegir cuál tomar. Existen distintas expresiones que utilizamos para nombrar los vinos que te pueden ayudar a saber cómo elegir. 

     

     
     
     
     ¿Qué es un vino "genérico"?
     Un vino es "genérico" cuando ha sido elaborado con más de una variedad. En general no lo vemos en la etiqueta. Es decir que el enólogo combina las virtudes de dos o más cepajes para obtener un "vino de corte". Estos vinos también pueden llamarse "coupage", "blend" o "cuvée". Lo que se busca es que cada variedad aporte lo suyo. Si se combina Cabernet Sauvignon, Merlot y Malbec, el primero contribuirá a la longevidad del vino, es decir que guardará por más tiempo sus virtudes; el Malbec dará al vino un atractivo visual especial y el Merlot aportará aromas muy agradables. Todos, despertarán sensaciones a las que cada consumidor pondrá sus propias palabras. 
     
     ¿Qué es un vino varietal? 
     Los varietales son aquellos vinos que han sido elaborados sólo con un cepaje, al menos en un 85%, el cual debe mencionarse en la etiqueta. Es interesante descubrir en ellos las características típicas de cada variedad: su color, sus aromas, las sensaciones que provoca en la boca. Incluso, podrá comparar varietales de diferentes bodegas ya que cada una imprime a sus vinos las señas particulares, su "personalidad" que lo hace único. Puede ser un interesante ejercicio encontrar el varietal que mejor se adapta a su gusto. También se considera varietales a los vinos que se elaboran con dos y hasta 3 variedades, siempre y cuando ninguna de ellas aporte menos del 20%. En la etiqueta debe aparecer en primer lugar el nombre del cepaje que contribuyó con un mayor porcentaje.  
     
     Otros vinos 
     Por definición un vino espumante es aquel que a la temperatura de 20°C tiene una presión dentro de la botella superior a 3,5 atm. o kg/cm2. Un espumante se reconoce porque su botella presenta un corcho en forma de hongo asegurado por un bozal.  
     
     Otras expresiones que se utilizan para nombrar los vinos son: 
    • Tranquilos: Son aquellos a los que no les queda gas carbónico que pueda percibirse con los sentidos. 
    • Dulce natural: Son aquellos vinos a los que no se les permite completar su fermentación alcohólica. De esta manera queda azúcar residual que va de los 8 a los 30 gr/l. 
    • Licoroso: Tiene una concentración de azúcar mayor que el dulce, puede llegar a 40-60 gr/l. Su elaboración se hace a partir de uvas de gran riqueza en azúcar, y la obtención del grado alcohólico así como del dulzor deseado, se logra por adición de alcohol durante la fermentación, por endulzado con mosto concentrado y posterior alcoholización o por corte entre vinos de distinta graduación alcohólica y tenor azucarino. 
    • Cosecha tardía: Las uvas se dejan sobremadurar en la planta y luego se cosechan. De esta manera, los granos que han empezado a deshidratarse concentran una importante cantidad de azúcar, lo cual favorece que se detenga la fermentación y que el vino quede con abundante azúcar residual y un importante grado alcohólico. 
    • Vinos de aguja: Son aquellos que por su particular elaboración conservan una parte del gas carbónico procedente de la fermentación de azúcares propios o añadidos. Este gas carbónico se desprende en forma de burbujas sin que llegue a producirse espuma. 
    • Vino espumante: es aquel que a la temperatura de 20°C tiene una presión dentro de la botella superior a 3,5 atm. o kg/cm2. Un espumante se reconoce porque su botella presenta un corcho en forma de hongo asegurado por un bozal. Para obtener presión carbónica natural dentro de una botella es necesaria una fermentación alcohólica que proviene de algunos azúcares residuales o azúcar agregado al vino.
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     La Cordillera de Los Andes custodia los viñedos argentinos, que se extienden desde Salta hasta Río Negro. Argentina tiene el privilegio de contar con los viñedos más altos del mundo, en Salta y Catamarca, y los más australes del planeta. 

     

     
     En la actualidad, Argentina tiene casi 230.000 hectáreas de viñedos repartidas en las provincias de Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén y Río Negro. Nuestro mapa vitivinícola se compone de cinco regiones, cada una con características ecológicas propias, suelo y climas diferenciales. Las vides también expresan rasgos distintivos en cada terruño, y la tendencia se orienta a resaltar la personalidad de los vinos asociando su identidad a la zona de origen.
     

     Mendoza


     Es el centro vitivinícola más importante del país. Actualmente existen más de 146 mil hectáreas de vid. Los suelos pobres, una notable amplitud térmica (diferencia de temperatura entre el día y la noche), escasas lluvias, la buena insolación de las uvas son factores que caracterizan a los terruños, ideales para el desarrollo de una vitivinicultura de calidad. 

     

     San Juan


     Aquí se afincan 47.842 hectáreas de vid a unos 630 metros sobre el nivel del mar. Su principal capital es la buena insolación de las uvas. Además de su perfil como productor de vinos, tiene una ecología óptima para la producción de uvas destinadas al consumo en fresco. 

     

     La Rioja



     Entre la Sierra de Velasco y la de Famatina se distribuyen las 8.000 hectáreas de viñedos riojanos. Chilecito es el principal centro productor y el Torrontés es el cepaje que prestigia a la región. 

     

     Noroeste argentino


      

     Concentrada en torno a los Valles Calchaquíes, a 1.500 metros sobre el nivel del mar, Cafayate es la zona de mayor producción. Se distingue por la calidad sobresaliente de los vinos Torrontés. Son más de 1.900 hectáreas de vid en Salta; Catamarca concentra unas 2.338.

     

     Patagonia argentina


     

     Río Negro posee 2.800 hectáreas de vid y es General Roca el terruño con mayor superficie cultivada. Presenta condiciones óptimas para el desarrollo de Merlot y Pinot Noir; y blancos como el Semillón. Neuquén es uno de los más recientes paisajes vitivinícolas; cuenta con 955 hectáreas de viñedos. En los próximos años entrarán en producción las nuevas plantaciones existentes en la zona.

     

     

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     Una investigación científica demuestra que tomar vino hace bien al corazón. Es por su capacidad antioxidante. Detrás del estudio están, la calidad de nuestros vinos, la calidad de nuestra salud y una herramienta fundamental para su promoción. El vino argentino hace bien, y eso hay que compartirlo.

     


     EFondo Vitivinícola Mendoza dio un paso fundamental, en el año 1999, al firmar el "Convenio marco de investigaciones: Vinos argentinos, salud y calidad de vida" para avalar científicamente los beneficios del vino argentino para la salud, y así contar con resultados que permitan promover el consumo y mejorar la calidad de vida y la salud de los consumidores.

     Los científicos centraron su trabajo en la hipótesis de que existe un proceso de envejecimiento de las arterias y otros órganos que puede ser frenado por sustancias con capacidad antioxidante presentes en el vino.

     De la investigación nace el informe "Vinos argentinos, salud y calidad de vida",  herramienta importante de promoción del vino en Argentina y el mundo. Y no es poca cosa. Nuestro vino mucho puede hacer, según la investigacón, por nuestra preciada salud. Al menos, aporta lo suyo. 

     La "paradoja francesa" 

     Históricamente se ha relacionado el consumo de vino con la calidad de vida. En los últimos años, a partir de la postulación de la "Paradoja Francesa", se ha dado un marco científico al concepto tradicional de vino y salud .

     Esta paradoja se apoya en los resultados del estudio de la Organización Mundial de la Salud denominado MONICA, que mostraron que la ingesta de cantidades moderadas de vino tinto (200-300 ml/día), sería responsable de la baja incidencia de patologías coronarias en Francia, un país con alto consumo de grasas animales, alto porcentaje de fumadores y alto contenido de colesterol en sangre, todos estos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

     Vinos franceses

     Estudios posteriores ampliaron esta observación y hoy la comunidad científica recomienda el consumo diario de al menos cinco raciones de frutas y verduras o productos directamente derivados como el té o el vino.

     El estudio "Vinos argentinos, salud y calidad de vida" y sus conclusiones sobre la capacidad antioxidante de nuestros vinos constituye la primera investigación argentina de trascendencia internacional promueve al vino como alimento saludable.

     Cien vinos argentinos

     El objetivo fue caracterizar una muestra de cien vinos rojos argentinos desde el punto de vista de su capacidad antioxidante. Vinos tintos de Chile, España, e Italia se estudiaron con propósitos comparativos.

     La investigación evaluó la actividad antioxidante de los vinos, en relación con la presencia de un grupo de familias de polifenoles y su capacidad de actuar previniendo la oxidación en sistemas químicos, bioquímicos y fisiológicos.

     Los polifenoles son materias simples producidas sólo por los vegetales. En la uva, se encuentran en la piel, la pulpa y la semilla. Son antioxidantes y disminuyen el daño celular y sus consecuencias.

     El vino tinto es el producto que contiene el rango más amplio de estos compuestos que protegen la salud.

     Los vinos seleccionados abarcan un amplio rango de varietales y lugares de origen, especialmente Mendoza. Entre ellos se cuentan varietales como Malbec, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Bonarda. 

     

       malbec                     tempranillo            cabernet sauvignon      merlot                     bonarda

     Algunas conclusiones

    • - Los vinos estudiados presentaron una alta capacidad antioxidante, mayormente asociada con su alto contenido de distintos tipos de polifenoles.
    • - La capacidad antioxidante no estuvo asociada a la variedad ni a la zona de origen de los vinos pero sí al manejo del viñedo a partir del control del rendimiento en uva.
    • - Esta alta capacidad antioxidante se confirmó cuando se compararon los vinos argentinos con similares de Francia, España, Italia y Chile. 
    • - Los resultados demuestran que diferentes vinos pueden proveer al organismo de antioxidantes, reforzando la inclusión del consumo moderado de vino como parte de una dieta saludable.

     Estos resultados, además de contribuir a mejorar la calidad de los vinos argentinos y fortalecer su imagen, son una óptima herramienta de promoción, porque en todo el mundo el consumidor muestra su preferencia hacia productos placenteros, saludables y respetuosos del medio ambiente.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

      

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     La degustación es un ejercicio que sólo requiere atención, memoria e imaginación. No es cuestión de expertos sino de apasionados. La mejor forma de apreciar un vino en plenitud es activando los sentidos. Todos estamos capacitados para analizar sensorialmente un vino, sólo debemos ejercitar la memoria y la atención.

     

      


            

      Vista, olfato, gusto, tacto y oído serán los encargados de percibir los múltiples mensajes que transmite el vino, estimulando las terminaciones sensibles de las células nerviosas y produciendo una "sensación". Al degustar un vino y detectar una sensación conocida se habrá producido una "percepción". Las sensaciones visuales y auditivas son casi instantáneas. En cambio, las olfativas y gustativas necesitan una cantidad de estímulos aún mayor para lograr la percepción. Los "umbrales de percepción" varían entre las personas y con el entrenamiento. El vino se proyectará hacia el pasado, en forma de recuerdo, o hacia el futuro, como deseo. Y animará a la imaginación para crear y recrear mil historias a partir de una copa; la creatividad encontrará las palabras para expresarlo.

       Paso a paso 
     
     
    1- Vista: El color del vino en el borde de la copa inclinada da la primera información. Aquí evaluamos los colores (intensidad y matiz) y la transparencia. 
    2- Olfato: Se inhala profundamente, primero sin mover la copa, luego, girándola para que se volatilicen los aromas más complejos. Analizamos persistencia, intensidad y calidad de los aromas. Se identifican los descriptores. Se evalúa si posee tipicidad y complejidad varietal. 
    3- Gusto: Se toma un sorbo y mientras el vino permanece en la boca, se absorbe aire y se lo hace burbujear. Se evalúa el ataque (gustos dulces), la acidez, el equilibrio, la intensidad de boca y la concentración de aromas y sabores. Se detectan los descriptores y se analiza la textura (untuosidad, astringencia, causticidad) del vino. Se percibe la persistencia y se determina la tipicidad y complejidad. 
    4- Tacto: mientras se retiene el vino en la boca, se percibe su estructura y temperatura. 
    5- Oído: El descorche, el vino bañando la copa y el sonido del brindis son los principales estímulos que recibe este sentido.
     

     El arte de degustar

      La degustación no es sólo un arte para entendidos. Si bien se llevan a cabo degustaciones técnicas que requieren una capacitación específica, quienes se disponen a disfrutar una copa de vino tan sólo necesitan poner a punto los sentidos y animarse a descubrir aromas y sabores, reconocer texturas para así definir los vinos que mejor responden al gusto personal. No es imprescindible seguir cierto método, pero la degustación es un entretenido juego que se recrea cada vez que se descorcha un vino.

      Los sentidos -con mayor o menor precisión, dependiendo del entrenamiento- son los medios a través de los que se recibe información valiosa que permitirá identificar las sensaciones que produce el vino. Por eso, análisis sensorial, degustación o cata son diferentes expresiones para nombrar el recorrido que seguirá el vino por la vista, el gusto, el olfato, el oído y el tacto hasta transformarse en una particular y agradable experiencia sensible.   En definitiva, se trata de las técnicas puestas en práctica cuando llega el vino a la copa y que, en el caso de los aficionados, conduce al mayor placer que esta bebida puede brindar.
     

     

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    El vino es mucho más que una bebida o el complemento ideal de la comida. Es un producto de la cultura y a su vez un portador de cultura. Es también un objeto de placer, casi una obra de arte, que no permanece inmutable una vez que el artista termina su obra. Cambia, evoluciona, se enriquece. Es un producto vivo, y es precisamente esa condición la que lo hace apetecible y venerable.  


     

     

     En apariencia, el vino es menos perdurable que el mármol, la pintura o la piedra, pero su cultura es tan capaz de provocar placer como el resto de las artes. Y es su carácter de portador de gloria pasajera, lo que lo asemeja a los amaneceres y crepúsculos, a las arboledas en otoño, a los frutales en flor; vivencias que jamás se repiten de igual manera para un espíritu sensible.

     El vino es como el arte: para descubrirlo en plenitud se requiere capacidad para el asombro y para admirar la belleza y dejarse llevar por los sentidos. El resto es aprendizaje, dedicación, memoria y tiempo.

     
      
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